Celebración de la NAVIDAD

“Y sucedió que mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.”(Lc 2,6-7).

Los hechos que sucedieron en Belén una noche de hace 2011 años son la base para esta breve reflexión sobre la Navidad. Pero no quiero acercarme a estos hechos con actitud de cronista, sino con la actitud del cristiano que intenta explicarse, humildemente, cómo estos trascendentales acontecimientos son capaces de influir en su propia transformación, en su propio nacimiento a una vida nueva y cada año mejor, y desde sí mismo, irradiar y contribuir a que la transformación también se produzca en los demás.

Y “los demás”, para mí, no son algo abstracto, no es esa palabra que se usa para todo, distanciándonos de ella, algo que pensamos que queda bien pronunciar, pero que no nos compromete demasiado. “Los demás”, para mí, tienen cara, tienen voz, tienen nombre, tienen alma, son las personas que me rodean y con las que mi compromiso es ineludible. Los demás forman parte de mi realidad cotidiana.

Como quiero que este escrito no se quede sólo en palabras, sino que se encarne en hechos, en compromiso, voy a formular muy pocos deseos, pero deseando fervientemente y procurando que se conviertan en realidad en estos días de preparación para la “llegada” de Cristo.

¿Cómo puedo contribuir a que mis alumnos vivan el verdadero espíritu de la Navidad? Con ESPERANZA.  La esperanza es ese sentimiento agradable provocado por la anticipación de algo que deseamos y que se presenta como posible. En estos tiempos en que no saben distinguir muy bien lo que realmente deben esperar, les ayudaré a saber esperar lo verdadero, a que no todo lo que provoca un placer inmediato es lo auténtico, que la verdadera renovación llega desde lo profundo del alma, y que en ella debemos gestar el espíritu de Cristo que debe ser el aliento vivificador de todas nuestras acciones.

¿Cómo puedo hacer que Cristo se encarne hoy en la realidad concreta de los padres de mis alumnos? Inculcándoles SEGURIDAD. La seguridad es un sentimiento positivo, exento de inquietud que proviene de la conciencia del propio saber, del propio poder o de la esperanza en el futuro. Hoy es frecuente que los quehaceres cotidianos absorban de tal manera nuestra atención, que perdamos de vista nuestra responsabilidad como padres, de sensibilizar espiritualmente a nuestros hijos, educarlos en la fe y cultivar en ellos una profunda amistad con Dios. Les ayudaré a que tengan la seguridad en ellos mismos de que pueden hacerlo.

¿Cuál puede ser mi labor con respecto a mis compañeros? Compartiré con ellos la ALEGRÍA. El cumplimiento de nuestras expectativas, deseos y proyectos, provoca ese sentimiento positivo de confianza, de satisfacción por el trabajo bien hecho, de superación de las dificultades. Al igual que María compartió con los que le rodeaban en ese momento, la alegría por el nacimiento de su hijo, compartiré con mis compañeros la alegría por el nacimiento de Cristo y por el nacimiento a la vida adulta, cristiana y responsable de tantos niños y jóvenes a los que tenemos el compromiso de formar, es nuestra misión.

Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza del hombre, y la Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo en todos y cada uno de nosotros.

Ana María Valencia Merino

Navidad de 2011

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Acerca de Ana Mª Valencia

profesora la inmaculada Algeciras
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